La vida pasa y los días de madurez nos van alcanzando y lo normal es irlos asumiendo, así como sus consecuencias.
Esa es la teoría, pero la realidad es que aunque vamos progresando en ese proyecto que se llama vida, hay algunos acontecimientos que cuestan más de asumir que otros.
Siempre he tenido claro que llegaría un momento que en el que iríamos perdiendo unidades de nuestro grupo generacional, pero la verdad es que no esperaba que a punto de cumplir 61 años fueran tantas las pérdidas que hemos ido sufriendo en nuestro grupo.
Poco a poco se nos han ido cayendo unidades, todas dolorosas individualmente pero que como grupo además te hacen reflexionar sobre la levedad de nuestro paso por la vida.
Hoy estamos aquí y mañana no. Eso no quiere decir que nos volvamos locos y que nos rasguemos las vestiduras, lo abandonemos todos y nos vayamos a vivir a una cueva o lo contrario, nos fundamos todos nuestros ahorros en quimeras estúpidas.
Lo importante es ver que tenemos que vivir el presente y dejar de agobiarnos por un futuro incierto.
Vivamos, disfrutemos de ello, de nuestras familias y seres queridos e intentemos llevar una vida plena que nos haga disfrutar de cada uno de los momentos que pasamos en este mundo.
Para que este artículo no resulte tan tétrico, aquí os dejo unas frases del gran Groucho Marx:
Tengo la intención de vivir para siempre, o morir en el intento.
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Lo más difícil de la vejez es encontrar a alguien dispuesto a rascarte los pies.
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Si te sientes inútil y deprimido, recuerda que un día fuiste el espermatozoide más veloz de todos.
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La edad no es un asunto particularmente interesante. Cualquiera puede hacerse viejo. Todo lo que tienes que hacer es vivir lo suficiente.
Si esto no os anima, nada lo hará.




